Este blog ha sido creado para facilitar la obtención de los materiales de estudio para la asignatura Historia. Espero que lo aproveches, por lo pronto se te terminaron las excusas!!!
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miércoles, 18 de abril de 2012
La edad de la ilustración.
Durante el siglo XVIII se observa el proceso conocido como la Ilustración, se consideraba al pasado como un tiempo de barbarie y oscuridad, era la creencia de los pensadores y escritores, pero también de reyes o “déspotas ilustrados”.
La Ilustración trasmitió e hizo popular las ideas de Bacon y Descartes y sobre todo de Locke y Newton, estos intelectuales eran considerados como los filósofos. Transmitió la filosofía de la ley natural y del derecho natural. Durante este tiempo se difunde que la idea del progreso es la idea dominante. Por su parte los lectores desarrollaron un especial gusto por los libros prohibidos, los cuales se obtenían con relativa facilidad.
París era el centro urbano del movimiento intelectual, allí se publicó la Enciclopedia el mayor proyecto filosófico de la época, la cual fue editada por Denis Diderot entre 1751 y 1772, en él se observaba una importante actitud crítica con respecto a la sociedad y las instituciones que existían y que resumían el espíritu escéptico, racional y científico del momento.
Otro grupo de pensadores era el de los fisiócratas, a este grupo pertenecían Quesnay y Dupont de Neumors. Los fisiócratas se interesaban por la reforma fiscal e impositiva; fueron los primeros en utilizar la expresión laissez faire (“dejar hacer”), pues creían que la riqueza aumentaría si hubiera una mayor libertad para la inversión y para el comercio y la circulación de mercaderías, aunque insistían en la autoridad planificada desde el gobierno “ilustrado”.
Por toda Europa se encontraban hombres y mujeres que se consideraban philosophes: Federico el Grande, Catalina la Grande, María Teresa de Austria y su hijo José. En Inglaterra el obispo Warhurton, el escocés David Hume y Edward Gibbon.
Los philosophes más famosos fueron los tres franceses Montesquieu (1681- 1755), Voltaire (1694- 1778) y Rousseau (1712- 1778). Los tres fueron considerados genios a pesar de que tenían muchas diferencias entre sí, sus obras más importantes las dedicaron al comentario político y de análisis social. Los tres consideraban que el estado de la sociedad existente podía ser mejorado.
Montesquieu, quien pertenecía a una familia de origen aristocrático, había heredado de un familiar un puesto en el Parlamento de Burdeos. En su obra “El espíritu de las leyes” (1748) desarrollo dos ideas principales; una era la que las formas de gobierno variaban según el clima y las circunstancias, que el despotismo era adecuado sólo para grandes imperios en climas calientes. Su otra gran doctrina estaba dirigida contra el gobierno de Francia, y era la separación y equilibrio de poderes. Los propios amigos philosophes de Montesquieu le consideraban demasiado conservador e incluso trataron de disuadirlo de dar al público sus ideas. En definitiva era un reaccionario y una excepción entre sus contemporáneos por su admiración de la “bárbara” Edad Media.
Voltaire pertenecía a una acomodad familia burguesa, se dedicó intensamente a las cuestiones filosóficas y públicas; estaba especialmente interesado en la libertad de pensamiento. Al igual que Montesquieu era admirador de Inglaterra y en especial por la libertad religiosa que en ese país se practicaba. Luego de 1740 inició definitivamente la predicación de la causa de la tolerancia religiosa. Voltaire atacó a la Iglesia Católica, pero además a toda la visión cristianan del mundo, defendía a la “religión natural” y la “moralidad natural”, sostenía que la creencia en Dios y la diferencia entre el bien y el mal surgen de la propia razón, para él no era necesaria ninguna revelación sobrenatural agregada a la razón.
En materia de política y de autogobierno no era un liberal ni un demócrata. Su opinión acerca de la especie humana era muy desfavorable. Él entendía que un gobierno ilustrado debía luchar contra la pereza y la estupidez, que mantuviera al clero en una posición subordinada, que autorizase la libertad de pensamiento y de religión, y que impulsase la causa del progreso material y técnico. Estaba convencido de que unos pocos podían ser ilustrados, él consideraba que esos pocos debían tener el poder de poner en práctica su programa.
Jean Jaques Rousseau, era protestante y de origen de clase baja, no tuvo posición social, ni dinero, ni sentido del dinero. Creía que en la sociedad, tal como ésta existía, una persona buena no podía ser feliz. Sostenía que la civilización era la fuente de muchos males, y que la vida en un “estado de naturaleza”, si fuese posible, sería mejor. Rousseau se convirtió en el “hombre del sentimiento” y el precursor del “romanticismo” que se acercaba. En El contrato social (1762) parecía contradecir todo, sostenía que el “estado de naturaleza” era una situación salvaje, sin ley ni moralidad. Los pensadores anteriores como Locke, por ejemplo, habían concebido el “contrato” como un acuerdo entre un gobernante y un pueblo. Rousseau lo concibió como un acuerdo entre la gente misma. Era un contrato social, no simplemente un contrato político. En él descansaba la sociedad civil organizada, es decir, la comunidad. Era un acuerdo en el cual todos los individuos entregaban su libertad natural los unos a los otros, fundían sus voluntades individuales en una Voluntad General Colectiva, y convenían en aceptar las normas de esta Voluntad, la cual era soberana; y el verdadero poder soberano era “absoluto”, “sagrado” e “inviolable”. Anhelaba una comunidad de la que toda persona pudiera sentirse parte integrante, que todos los hombres tuvieran un sentimiento de pertenencia y de participación.
Mucha gente creía en el progreso, en la razón, en la ciencia y en la civilización. Rousseau tenía sus dudas y ensalzaba las bellezas del carácter. Montesquieu consideraba útil a la iglesia pero no creía en la religión; Rousseau creía en la religión, pero no veía la necesidad de iglesia alguna. Montesquieu estaba interesado por la libertad política práctica; Voltaire renunciaría a la libertad política, a cambio de garantías de libertad intelectual.; Rousseau buscaba la libertad que consiste en fundirse voluntariamente con la naturaleza y con otros iguales.
El el pensamiento de la Ilustración era completamente secular, todas las iglesias eran abandonadas por los más destacados intelectuales. La tolerancia en religión, o la indiferencia, se convirtieron en el sello del progreso. Los pensadores proporcionaban teorías de la sociedad en las que no intervenían las explicaciones cristianas. La virtud más importante consistía en ser socialmente útil. Se creía que el más importante instrumento de progreso era el Estado.
Los pensadores de la época no eran nacionalistas, sino “universalistas”; creían en la unidad de la humanidad y sostenían que todos los hombres vivían bajo la misma ley natural del derecho y de la razón. Todo el pensamiento de la época se proponía hacer a los hombres. Montesquieu quería garantías contra el despotismo; Rousseau quería la liberación de los artificios y de las presiones de la sociedad; Voltaire deseaba confiar en un gobierno poderoso y bien dispuesto, un “déspota ilustrado”.
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5º H
domingo, 15 de abril de 2012
La colonización inglesa y la revolución norteamericana
A principios del siglo XVII se desarrolló la colonización de la costa atlántica del continente norteamericano por parte del contingente de emigrantes ingleses que se aventuró a cruzar el océano en busca de nuevas oportunidades. Para que esto sucediera fue necesario la existencia de una diversidad de factores. Un primer aspecto a destacar es la existencia en Inglaterra de importantes capitales disponibles para la inversión en las actividades comerciales y en las expediciones con objetivos colonizadores, los inversionistas especulaban con las ganancias que aportarían las actividades desarrolladas en los nuevos territorios. Otro aspecto de no menor importancia es la disposición de las personas a emprender las expediciones a la “tierra prometida”; pues otro de los aspecto refiere a los problemas religiosos que los integrantes de diversas sectas y religiones sufrían en el territorio inglés donde eran perseguidos y acusados de herejes y vinculados con la brujería, estos grupos religiosos buscaban en América poder desarrollar libremente sus prácticas religiosas sin la inferencia de las autoridades británicas.
Los grupos de emigrantes, a su arribo, se fueron estableciendo según sus preceptos religiosos en diferentes zonas de la costa atlántica, situación que fue posibilitada porque en 1606 el rey Jacobo I realizó las concesiones correspondientes para que dos compañías realizar el traslado de emigrantes y su establecimiento en el nuevo territorio. Las Compañía de Plymouth y la Compañía de Londres fueron las beneficiadas con las concesiones de la corona. Como consecuencia de las expediciones se establecerán 13 colonias que serán el inicio del poblamiento inglés en el territorio norteamericano; esas colonias eran Virginia, Plymouth, Massachusetts, Connecticut, Maryland, Rhode Island, Nueva York, Carolina del Sur y Carolina del Norte, Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware y Georgia.
Las nuevas colonias estaban regidas por gobiernos regidos de acuerdo a las leyes vigentes en la metrópoli; por otra parte los colonos tenían representación en el parlamento inglés, al menos teóricamente, ya que uno de sus reclamos posteriores sería justamente que no se consideraban representados en esa institución; además las colonias eran consideradas dependencias de la corona.
En los nuevos territorios los respectivos gobiernos estaban en manos de gobernadores pertenecientes a la nobleza británica e integrantes de la corte del rey; estos gobiernos coloniales desarrollaban sus actividades de forma independiente entre sí debido a que no se les había concedido el derecho a establecer alianzas o uniones intercoloniales.
Las campañas de colonización traían consigo objetivos de carácter económico, las políticas mercantilistas adoptadas por las monarquías europeas se basaban en la acumulación de metales preciosos que demarcaban en base a la riquezas el poderío de las naciones. Pero cuando los primeros colonos comenzaron a conocer los territorios sobre los que se habían asentado descubrieron la inexistencia de metales preciosos; esta situación se transformó en un obstáculo en los objetivos económicos. Las colonias debieron adaptarse a la vida en América adaptando sus actividades a las nuevas circunstancias, las principales actividades de orden económico se centraron en el comercio de pieles y en la pesca de bacalao y ballenas.
Las prácticas agrícolas se desarrollaron en diferentes zonas con diferentes resultados, mientras el norte no permitía una producción significativa fue la zona centro la que tomo relevancia en el ámbito productivo, las tierras del sur eran las más aptas para el desarrollo de las producciones agrícolas y ganaderas; mientras el norte se desarrolló en base a la actividad de sus puertos el sur lo logró a través de las grandes plantaciones.
Por su parte la actividad industrial se encontraba limitada por la legislación impuesta por la metrópoli, se establecía que las colonias no debían desarrollar industrias, eran productoras de materias primas y eran receptoras de productos elaborados. Las manufacturas colonias se reducían a la producción doméstica de alimentos y vestimentas. Los sectores que alcanzaron un mayor desarrollo fueron los molinos de granos y los aserraderos; estos últimos suministraban la madera utilizada por los diversos astilleros, la industria naviera obtuvo un gran desarrollo en las zonas de los principales puertos.
Las actividades comerciales, por legislación, debían realizarse en embarcaciones de bandera británica y únicamente tripuladas por marineros ingleses. Existían productos denominados “numerados” que se destinaban directamente a la metrópoli, entre ellos se destacaban el azúcar, el tabaco y el algodón. En las colonias existía un mercado que consumía manufacturas y artículos de procedencia oriental, pero la operaciones de importación estaban reservadas únicamente a los comerciantes ingleses. El hecho de prohibir el comercio entre las colonias abrió la puerta al comercio ilegal, el contrabando entre colonias y con otras potencias europeas se vio incrementado considerablemente.
La nueva sociedad no involucro a las poblaciones autóctonas, las diversas tribus indígenas fueron marginalizadas y no existió el mestizaje. Los inmigrantes europeos se transformaron en la población mayoritaria, muchos de ellos se incorporaron como sirvientes debido a que habían sido reclutados voluntariamente o forzosamente, muchos de ellos no contaban con el dinero para trasladarse y aceptan cumplir tareas de sirvientes durante un lapso no mayor a siete años, luego quedaban liberados para desarrollar sus propias actividades. En la base de la sociedad se encontraban los esclavos provenientes del continente africano los cuales se ubicaron mayoritariamente en el sur, puesto que estaban destinados a las tareas en las grandes plantaciones.
La situación que vivían las colonias poco a poco se comenzó a transformar en un gran descontento en contra de la corona británica, en 1689 la soberanía parlamentaria se aplicó a todas las regiones, y contra ello se rebelaron los norteamericanos. Por otra parte, durante la guerra de los “Siete años”, en la fase que se desarrolló en territorio norteamericano, los colonos prácticamente no participaron; fueron el ejército regular y la escuadra inglesa los encargados de expulsar a los franceses. La defensa era pagada con los recursos de la corona, por lo cual el gobierno inglés buscó aumentar la contribución que debían pagar las colonias con el fin de que aportasen a las arcas imperiales. Los norteamericanos sólo pagan los impuestos aprobados localmente, disfrutando de exenciones dentro del imperio, y contra ello actuó el Parlamento.
Los americanos señalaban que el Parlamento carecía de la autoridad para imponerles impuestos, porque no se consideraban representados en esa institución. Los norteamericanos se resistían mientras que el Parlamento intentaba no excederse en la aplicación de su poder.
En 1773 se formalizaron las diferencias originadas por formar parte de un sistema económico aplicado desde la metrópoli. El hecho desencadenante es la concesión por el Parlamento a la Compañía de las Indias Orientales para la comercialización del té, el cual sería comercializado directamente por los agentes de la empresa, esta medida bajaría el precio al público pero excluía de un negocio muy importante a los intermediarios americanos. En 1774 se estableció el Acta de Quebec, que le daba un gobierno a los territorios canadienses de población francesa recién conquistados, además se delimitaban los límites territoriales, todo lo que se consideró como un ultraje pro-francés y pro-católico desde el punto de vista norteamericano; esto, sumado al cierre del puerto de Boston provocó la consideración de oponer resistencia.
Ya no era una cuestión de impuestos sino que se discutía sobre la libertad de los norteamericanos para establecer su propia política, pero los territorios no estaban preparados para la independencia. Se consideraron “Actas intolerables” a las medidas reales y comenzó la organización y la reunión en un “congreso continental”; se impuso un boicot a los artículos británicos que provocó el inicio de la lucha en 1775. Durante el “Segundo Congreso Continental” se estableció la creación de un ejército norteamericano, buscaba sumar a Quebec a la causa revolucionaria y comenzaba las negociaciones con Francia. Las opciones no eran muchas, independencia o esclavitud. Thomas Paine se transforma a partir de 1977 en un revolucionario internacional, comienza a manifestar que detesta a la sociedad inglesa e incita a la lucha por la libertad.
El 4 de julio de 1776, el Congreso adoptó la Declaración de Independencia, a través de la cual Estados Unidos se daba a conocer como separada e igual entre las potencias de la tierra. La guerra por la independencia se transformaría en un conflicto de mayores dimensiones, era una lucha por el Imperio, si bien al comienzo Francia se mantiene al margen, pero abasteciendo a las colonias. La situación francesa cambiaría a partir de 1778 cuando se observó a los revolucionarios como una buena opción política, se los reconoció, se estableció una alianza y se declaró la guerra a Inglaterra; posteriormente se le unió España. Mientras que otras potencias formaron una “neutralidad armada” para defender el comercio ante las imposiciones británicas. La participación francesa fue decisiva en el triunfo de los norteamericanos lo que provocó que Inglaterra reconociera la independencia de Estados Unidos.
Si bien el conflicto había tenido origen en el enfrentamiento con el Parlamento, en la Declaración se acusaba únicamente al rey; esto se debía que no se había reconocido la autoridad del Parlamento y además porque utilizar en grito de “tirano” daba mejores resultados. La Declaración manifestaba la idea del derecho natural, “todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. En la nueva realidad norteamericano se aplicó la igualdad democrática, aunque al comienzo sólo a los hombres blancos europeos, muchos de ellos se preocupaban por la esclavitud.
La revolución trajo consigo una consecuencia democrática, ya que en algunos estados más hombres recibieron el derecho al voto, a ser electos y una representación similar de sus votantes, se acabaron los diezmos y las iglesias anglicana y congregacionalista perdieron sus privilegios. La propiedad cambio de manos, pero la ley de propiedad se modificó en ciertos detalles.
Los norteamericanos llegaron a considerar que el gobierno tenía poderes limitados y debía actuar sólo dentro de los preceptos constitucionales. La idea del federalismo surgió en el marco de protesta contra el poder soberano centralizado, era difícil aplicarlo ya que los nuevos estados seguían manteniendo el separatismo entre sí. Estados Unidos estaba constituido por una unión de trece repúblicas independientes por lo que fue necesario redactar, en 1787, la Constitución, la más antigua aún en vigor.
La independencia estadounidense fue mucho más que eso, fue el inicio de la era de las revoluciones democráticas, en Europa hasta 1848 y en Latinoamérica hasta el surgimiento de las repúblicas independientes en la década de 1820. Pero además le provocó gastos a Francia que luego fueron uno de los factores que originó la Revolución Francesa. En cuanto a América Latina las autoridades españolas reorganizaron el imperio para que no les sucediera lo mismo que a los ingleses.
El surgimiento de Estados Unidos demostró que se podían realizar muchas de las ideas de la ilustración. Lo que más impacto causó fue el simbolismo de la reunión de los norteamericanos para redactar las constituciones de sus estados.
Las constituciones norteamericanas eran una demostración del contrato social. Presentaban a los hombres en su “estado de naturaleza”, libres de las antiguas autoridades de gobierno y reunidos para crear un nuevo, asignando la división de poderes.
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5º H
viernes, 6 de abril de 2012
La Revolución Gloriosa.
La Revolución Gloriosa.
La Revolución Gloriosa es un proceso desarrollado en el siglo XVIII, en el marco de los procesos europeos conocidos como “Revoluciones Liberales”.
Los antecedentes se remontan al siglo XVI, momentos en los que la monarquía Tudor ejerció el absolutismo logrando dominar al Parlamento e intervenir en las actividades económicas. Esto se debe a que por esos años la monarquía, la burguesía urbana y los pequeños propietarios rurales nobles (la gentry) mantenían intereses comunes; en cuanto a la situación exterior debían unirse ante un mismo y poderoso enemigo: España. La lucha con los españoles tenía dos aristas muy importantes debido a que estaba en disputa la posesión de los mares atlánticos, tan importantes en el fenómeno expansionista e imperialista desarrollado por la corona inglesa; pero también los ibéricos intentaban restablecer en el territorio inglés el catolicismo que había cedido terreno a la iglesia Anglicana.
Pero los británicos también tenían problemas internos que solucionar; las luchas privadas de la nobleza inglesa se habían transformado en una gran dificultad para el mantenimiento de la paz y seguridad interior, para el desarrollo de zonas muy importantes en el aspecto comercial e industrial.
Pero esta alianza entre la monarquía y los grupos que ostentaban el poder en el Parlamento cambiaría durante el siglo XVII debido básicamente a la mala distribución de las riquezas, se produjo un gran desequilibrio en cuanto a la posesión del capital, este recaía en manos de quienes lo originaban, los burgueses y la gentry. El aumento fomentado de la producción los favoreció considerablemente; no así a la nobleza, quien sufrió en la disminución de sus ingresos provocándole la necesidad de depender de la monarquía para poder sobrevivir. La realeza interviene limitando el desarrollo de las actividades económicas que desarrollaban los burgueses, hacho que generó un importante conflicto entre ambos sectores sociales.
El conflicto derivo en una clara y directa “lucha por la riqueza”, debido a la ininterrumpida acumulación burguesa la monarquía propuso crear y aumentar los impuestos con el objetivo de recaudar a expensas de los negocios y ganancias de la burguesía; pero el Parlamento se opondrá aduciendo que no puede contralar la gran cantidad de capitales que se originarían a partir de esa medida. Ante una situación incambiada la corona resuelve participar de la vida económica lo que será contraproducente, pues deja como resultado: el aumento de precios, la desocupación y el descontento general. Ante los anteriores fracasos se recurre a exigir antiguos derechos feudales que les permitan conseguir los ingresos necesarios.
Es la lucha por la riqueza el origen de la “guerra civil” que se desarrollará en Inglaterra. Durante el conflicto se enfrentarán “los parlamentarios” y “los realistas”; los primeros contarán con el apoyo de las zonas de producción agrícola (el Norte y el Oeste), además del puritanismo religioso; por su parte los segundos tendrán el apoyo de los sectores más industrializados y relacionados a la actividad comercial (el Sur y el Este), y tenían el apoyo de la iglesia anglicana. Al finalizar la contienda el triunfo es de los parlamentarios, con la consecuencia directa de la expulsión de los nobles del Parlamento; se procede a la proclamación de la Republica, y se detiene al rey Calos I para luego ser decapitado.
El proceso revolucionario decidió en 1660 dar lugar a la restauración monárquica, restituyendo en la corona a Carlos II Estuardo. El nuevo rey debía reconocer al Parlamento la función de elaborar las leyes y la capacidad de la aprobación de los impuestos.
Posteriormente al reinado de Carlos II lo sucede en el trono británico Jacobo II, quien era católico y de ideología absolutista, aspectos que se oponían claramente al pensamiento general de la sociedad, lo que derivó en la falta de apoyo reinado al punto de ser destronado. Al quedar la corona vacante es ofrecida al príncipe holandés, Guillermo de Orange, el cual asumía las funciones aceptando dos condiciones fundamentales: por un lado, que debía mantener el protestantismo como religión en el territorio; y por otro lado, debía permitir que fuese el gobierno quien se encargara de gobernar.
Es este proceso revolucionario el aspecto coyuntural que los historiadores señalan como real transición de un sistema de monarquía absoluta al sistema monárquico parlamentario.
El Parlamento gobernará con un orientación claramente definida hacia el capitalismo, para ello tomará una serie de decisiones que permitan aplicar las dinámicas capitalistas, las cuales mencionaremos a continuación. Se elimina lo que se consideraban obstáculos: los privilegios, los monopolios, las prohibiciones los peajes y los controles de precios, todos aspectos que perjudicaban una adecuada puesta en práctica de los preceptos del capitalismo. Se convirtió en una necesidad la creación de estructuras económicas que sustentaran el aumento de las actividades: el Banco de Inglaterra y las sociedades anónimas. La flota mercante de bandera inglesa se apoderó de los principales mares utilizados para el tránsito comercial, y para consolidar aún más su predominio se determinó que todas las mercaderías serían transportadas únicamente por naves inglesas.
En última instancia señalaremos el estimulo al desarrollo de la industrial textil a través de la prohibición de realizar la exportación de lana en bruto, de ahora en más se comercializaría la lana a través de productos manufacturados; y también se procedió a la organización de los artesanos extranjeros ubicados en el territorio inglés.
Estas medidas adoptadas por el Parlamento tendrán aún más trascendencia en el siglo siguiente, cuando sea la industrial textil el motor fundamental que mueva y desarrolle la revolución industrial inglesa.
La Revolución Gloriosa es un proceso desarrollado en el siglo XVIII, en el marco de los procesos europeos conocidos como “Revoluciones Liberales”.
Los antecedentes se remontan al siglo XVI, momentos en los que la monarquía Tudor ejerció el absolutismo logrando dominar al Parlamento e intervenir en las actividades económicas. Esto se debe a que por esos años la monarquía, la burguesía urbana y los pequeños propietarios rurales nobles (la gentry) mantenían intereses comunes; en cuanto a la situación exterior debían unirse ante un mismo y poderoso enemigo: España. La lucha con los españoles tenía dos aristas muy importantes debido a que estaba en disputa la posesión de los mares atlánticos, tan importantes en el fenómeno expansionista e imperialista desarrollado por la corona inglesa; pero también los ibéricos intentaban restablecer en el territorio inglés el catolicismo que había cedido terreno a la iglesia Anglicana.
Pero los británicos también tenían problemas internos que solucionar; las luchas privadas de la nobleza inglesa se habían transformado en una gran dificultad para el mantenimiento de la paz y seguridad interior, para el desarrollo de zonas muy importantes en el aspecto comercial e industrial.
Pero esta alianza entre la monarquía y los grupos que ostentaban el poder en el Parlamento cambiaría durante el siglo XVII debido básicamente a la mala distribución de las riquezas, se produjo un gran desequilibrio en cuanto a la posesión del capital, este recaía en manos de quienes lo originaban, los burgueses y la gentry. El aumento fomentado de la producción los favoreció considerablemente; no así a la nobleza, quien sufrió en la disminución de sus ingresos provocándole la necesidad de depender de la monarquía para poder sobrevivir. La realeza interviene limitando el desarrollo de las actividades económicas que desarrollaban los burgueses, hacho que generó un importante conflicto entre ambos sectores sociales.
El conflicto derivo en una clara y directa “lucha por la riqueza”, debido a la ininterrumpida acumulación burguesa la monarquía propuso crear y aumentar los impuestos con el objetivo de recaudar a expensas de los negocios y ganancias de la burguesía; pero el Parlamento se opondrá aduciendo que no puede contralar la gran cantidad de capitales que se originarían a partir de esa medida. Ante una situación incambiada la corona resuelve participar de la vida económica lo que será contraproducente, pues deja como resultado: el aumento de precios, la desocupación y el descontento general. Ante los anteriores fracasos se recurre a exigir antiguos derechos feudales que les permitan conseguir los ingresos necesarios.
Es la lucha por la riqueza el origen de la “guerra civil” que se desarrollará en Inglaterra. Durante el conflicto se enfrentarán “los parlamentarios” y “los realistas”; los primeros contarán con el apoyo de las zonas de producción agrícola (el Norte y el Oeste), además del puritanismo religioso; por su parte los segundos tendrán el apoyo de los sectores más industrializados y relacionados a la actividad comercial (el Sur y el Este), y tenían el apoyo de la iglesia anglicana. Al finalizar la contienda el triunfo es de los parlamentarios, con la consecuencia directa de la expulsión de los nobles del Parlamento; se procede a la proclamación de la Republica, y se detiene al rey Calos I para luego ser decapitado.
El proceso revolucionario decidió en 1660 dar lugar a la restauración monárquica, restituyendo en la corona a Carlos II Estuardo. El nuevo rey debía reconocer al Parlamento la función de elaborar las leyes y la capacidad de la aprobación de los impuestos.
Posteriormente al reinado de Carlos II lo sucede en el trono británico Jacobo II, quien era católico y de ideología absolutista, aspectos que se oponían claramente al pensamiento general de la sociedad, lo que derivó en la falta de apoyo reinado al punto de ser destronado. Al quedar la corona vacante es ofrecida al príncipe holandés, Guillermo de Orange, el cual asumía las funciones aceptando dos condiciones fundamentales: por un lado, que debía mantener el protestantismo como religión en el territorio; y por otro lado, debía permitir que fuese el gobierno quien se encargara de gobernar.
Es este proceso revolucionario el aspecto coyuntural que los historiadores señalan como real transición de un sistema de monarquía absoluta al sistema monárquico parlamentario.
El Parlamento gobernará con un orientación claramente definida hacia el capitalismo, para ello tomará una serie de decisiones que permitan aplicar las dinámicas capitalistas, las cuales mencionaremos a continuación. Se elimina lo que se consideraban obstáculos: los privilegios, los monopolios, las prohibiciones los peajes y los controles de precios, todos aspectos que perjudicaban una adecuada puesta en práctica de los preceptos del capitalismo. Se convirtió en una necesidad la creación de estructuras económicas que sustentaran el aumento de las actividades: el Banco de Inglaterra y las sociedades anónimas. La flota mercante de bandera inglesa se apoderó de los principales mares utilizados para el tránsito comercial, y para consolidar aún más su predominio se determinó que todas las mercaderías serían transportadas únicamente por naves inglesas.
En última instancia señalaremos el estimulo al desarrollo de la industrial textil a través de la prohibición de realizar la exportación de lana en bruto, de ahora en más se comercializaría la lana a través de productos manufacturados; y también se procedió a la organización de los artesanos extranjeros ubicados en el territorio inglés.
Estas medidas adoptadas por el Parlamento tendrán aún más trascendencia en el siglo siguiente, cuando sea la industrial textil el motor fundamental que mueva y desarrolle la revolución industrial inglesa.
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